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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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La España de Trump (48 horas en un grupo ultra de Facebook)

Sociedad

Carlos Hernández. La España de Trump ya existe y no debemos minusvalorarla. Millones de españoles, instrumentalizados por la derecha más extrema, creen que el hombre blanco heterosexual vive discriminado bajo una dictadura de feministas, progres, moros y miembros del colectivo LGTB

Viven en un mundo paralelo en el que hordas de musulmanes barbudos violan masivamente en las esquinas de cada calle. Creen formar parte de una sociedad enferma en la que los inmigrantes y los refugiados disfrutan de una vida de verdadero lujo a costa de nuestros impuestos. Residen en una España en la que la única corrupción existente se da entre los dirigentes de Podemos. Sufren un país al borde de la guerra por las pretensiones independentistas de los catalanes. Habitan una nación en la que los hombres, las personas heterosexuales y los blancos están discriminados por una dictadura teledirigida por feministas, progres, moros y miembros del colectivo LGTB.

 

Esa es la España de Trump que lleva existiendo desde mucho antes de que el magnate estadounidense se lanzara a la conquista de la Casa Blanca. Una España que muchos no vemos, o no queremos ver. Nuestras redes sociales, los medios de comunicación en los que nos informamos, los grupos de amigos con los que nos movemos están en una onda, digámoslo así, más realista. Entre nosotros nos decimos que no hay que darles publicidad, que mejor no hablar de ellos, que es preferible no contestarles, que son solo un puñado de radicales…. Eso hicieron en Estados Unidos y hoy tienen a un peligroso machista, racista y mentiroso sentado en el Despacho Oval.

Yo también era de los que optaba por ignorarles… y creo que me equivoqué. Es necesario conocer y analizar esa dimensión paralela, que algunos llamarían posverdad y yo prefiero definir como falsa propaganda, porque existe y gana más creyentes cada día que pasa. Es una multitud que vive en una burbuja en la que escuchan una radio única, sintonizan por la noche un par de TDT y siguen multitud de páginas “informativas” en internet. Quienes tratan de instrumentalizarles saben tan bien cuál debe ser su modelo que incluso tienen una web llamada La era Trump. Aunque no sea agradable les invito a introducirse conmigo en la España de Trump, aprovechando una breve pero intensa experiencia personal.

El pasado día 3, Facebook me notificó que una “amiga” me había incluido, sin duda por error, en un grupo “secreto” que contaba con más de 40.000 miembros. Una bandera constitucional y el retrato del Rey presidían la página en la que su administrador señalaba que la “máxima primera es la EDUCACIÓN”, para aclarar después que “somos la inmensa mayoría de ideología DEMOCRATA-LIBERAL-CONSERVADORA”. Más allá de la falta de tildes, hasta aquí todo bien. Sin embargo, un rápido vistazo a las publicaciones y los comentarios me confirmaron que la ideología única (que no predominante) era en realidad RACISTA-HOMÓFOBA-ULTRADERECHISTA.

” Dentista gratis para inmigrantes y refugiados en Melilla, los españoles… a pagar” rezaba una de las informaciones que más indignación había generado entre los miembros del grupo. “Todo para los de fuera y a los de aquí que les den”; “somos gilipollas, pagamos por nosotros y por ellos”; “qué vergüenza de país”. Obviamente nadie se preocupó de verificar la información. La “noticia” original tenía más de un año de antigüedad y surgía de una acción solidaria encaminada a que los internos del CETI de Melilla pudieran curarse una infección bucal o sacarse una muela. El refrito tardío y manipulado no era ni mucho menos inocente, ya que su autora era una conocida periodista y política ultraderechista. Yolanda Couceiro, a la que algunos llegaron a definir como la Marine Le Pen española, se había encargado personalmente de colgar su noticia debidamente adulterada. Obviamente, pocos en el grupo saben quién es esta señora a cuyas falsedades dan crédito.

No se trataba de la excepción, sino de la regla. Buena parte de las “noticias” eran antiguas, estaban manipuladas o, incluso, eran completamente falsas. ” Chinos compran el aire de un pueblo de Aragón”, se podía leer en otra noticia compartida y que soliviantó enormemente al grupo. Confieso que tuve que leerme cuatro veces el texto para confirmar que, salvo en el titular, no se hablaba en ninguna parte de esos perversos asiáticos que arrebatan el oxígeno a los honrados aragoneses. ¿Qué más le daba a los habitantes de este mundo paralelo? “Se están quedando con todo”, “putos chinos”, afirmaban.

El panorama de esta España “invadida” lo completaban marroquíes violadores, familias de inmigrantes que monopolizan las casas de protección oficial, imanes radicales que animan a violar a las mujeres y peligrosísimos rumanos a los que no podemos expulsar porque estamos, desgraciadamente, en la Unión Europea.

La eficacia de los mensajes viene dada porque todo son “noticias” provenientes de supuestos medios de comunicación. Junto a una minoría de hechos más o menos reales, aparecen informaciones falsas y/o tendenciosas firmadas por decenas de webs (algunas muy conocidas) y blogs con nombres asépticos, pero cuyos hilos mueve la derecha más extrema. El receptor no distingue la realidad de las fake news o hechos alternativos, que diría Donald Trump; no es consciente, ni lo será, de estar introduciéndose en el discurso ideológico ultra. El proceso es lento, pero poco a poco se va metiendo en ese mundo paralelo de enemigos de piel oscura, travestidos, feminazis y, sobre todo, de peligrosos y corruptos “podemitas”.

“Estos mal olientes tienen que desaparecer”, “Quién ha visto España y quién la ve”, “Marrano paleto inculto”, “Rata asquerosa”… Todos estos piropos acompañaban una información compartida desde un panfleto ultra cuyo director sale en las tertulias de TVE. En ella se mofaban del presidente del parlamento balear, miembro de Podemos, por el terrible delito de tener barba, pelo largo y vestir con deportivas. En este planeta trumpero o trumpista, la única corrupción proviene de la formación morada, mientras que el PP “peca de blando” porque es una víctima de “maricomplejines” como Rajoy o Cifuentes. “Qué trato hay para el PP tan cruel; no a todos se les pide lo mismo…”, protestaba Irene angustiada ante el mal rato que está pasando el presidente de Murcia.

En esta línea, es cierto que al repasar los perfiles de los miembros del grupo, encontré a un nutrido grupo de militantes e incluso dirigentes del PP como el delegado del Gobierno en Ceuta, un senador por Murcia, la presidenta provincial de Guadalajara, el portavoz popular en las Cortes de Castilla y León, algunos cargos intermedios de gobiernos autonómicos y una docena de concejales de localidades como Albacete, Majadahonda, Orihuela o Pozuelo de Alarcón.

Ninguno de ellos parecía participar con publicaciones o comentarios en el grupo, aunque algunos llevan más de un año formando parte de él. Quizás su presencia sea un hecho anecdótico que, incluso, nos puede llevar a conclusiones erróneas: la primera de ellas sería pensar que este grupo y lo que representa es, simplemente, un coro de ultras provenientes del sector más derechista del PP y de grupos sociales especialmente acomodados. Haberlos haylos, pero no son la mayoría. El grueso de creyentes de este mundo catastrófico está formado por parados, currantes angustiados y profesionales de clase media que ven amenazado su modo de vida. Si en Estados Unidos hemos visto instrumentalizar el cabreo a los sectores más radicales del republicanismo y al mismísimo Ku Klux Klan, aquí lo hace la derecha más extrema del PP, junto a la Falange, Alianza Nacional, Hogar Social, etc.

El espectro de “mi grupo” de Facebook no era diferente al de quienes apoyan a Marine Le Pen o a Trump, o al de quienes votarán este miércoles a Geert Wilders en Holanda. Solo una pequeña minoría se reconocen como ultraderechistas. El resto se creen rebeldes antisistema, ciudadanos que odian a sus políticos por permitir que se discrimine al hombre blanco heterosexual. Son votantes temerosos de que Podemos llega al poder, porque les quitará su piso de 45 metros cuadrados y su flamante Peugeot 205 del año 2001. El delirio es de tal magnitud que quienes les manipulan deben preservar esa burbuja de falsedad a toda costa; aquí no caben debates, datos ni argumentos que desbaraten el discurso único.

Por eso mi breve experiencia terminó muy pronto, unos minutos después de que compartiera con el grupo un testimonio. Se trataba de la entrevista que la SER le hizo a una niña transexual de 11 años, en la que explicaba cómo los padres de algunos de sus compañeros la habían insultado en la puerta el colegio. “Podría ser vuestra hija”, escribí sin más comentarios. Fue un chute de realidad intolerable que supuso mi expulsión fulminante de la España de Trump. Una España que existe, da mucho miedo y no debemos minusvalorar.

Fuente: http://www.caffereggio.net/2017/03/15/la-espana-trump-48-horas-grupo-ultra-facebook-carlos-hernandez-zona-critica-eldiario/

 

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