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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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Cuando la mayoría silenciosa habla

Opinión - Lucha social

Tania Sánchez. Los docentes de Baleares están en huelga indefinida desde el 16 de septiembre. El catalizador ha sido la imposición de una regulación de la lengua en la escuela pública segregadora e inaplicable en la situación actual de recortes generalizados.

Pero no ha sido sólo la política lingüística lo que ha movido a la comunidad educativa en baleares, la defensa de la educación pública que recorre todo el estado es común a una lucha que, lejos de encontrarse agotada, fue capaz de poner en las calles de Mallorca la manifestación más numerosa en la historia de la isla.

El presidente balear, José Ramón Bauzá no se ha salido del guión de su partido en su intento de desprestigiar las protestas en la educación pública balear. Una vez más le hemos oído insistir en el manido argumento de la mayoría silenciosa que no sale a las calles y por tanto, se supone que expresan en su silencio un respaldo incondicional a sus políticas.

Llevo todo el fin de semana en Palma y diría que la mayoría lejos de ser silenciosa se ha expresado con claridad.

Desde el viernes he visto por rincones diversos de la ciudad marchas en bici, actos de estudiantes y sobre todo gentes de a pie, en sus quehaceres cotidianos que visten el paisaje urbano con el verde ya inseparable de la lucha por la educación pública. La marea el domingo se convirtió en un tsunami impresionante nunca visto en la isla. En un ambiente festivo se dio cita una mayoría que no calla sino que clama por proteger lo de todos.

Recorriendo la inmensa marcha un manifestante me entrego un pequeño papel que recogía los datos de voto de las últimas elecciones autonómicas: de los 711.611 votantes censados, fueron 194.680 quienes le otorgaron a Bauzá la presidencia, parece obvio que la mayoría social balear, no respalda al PP. Cuentas similares se han hecho en las elecciones generales, y en las encuestas de los últimos meses que reflejan de manera reiterada que casi la mitad de los encuestados no votaría a las opciones actuales.

Parece obvio que el sistema democrático español vive una crisis de legitimidad, pero no nos engañemos, sigue en pie, sigue tomando decisiones, sigue poniendo los recursos públicos al servicio de la minoría privilegiada, y así seguirá mientras no haya una expresión electoral que aglutine a la mayoría que comparta la imperiosa necesidad de poner en el centro de la política la defensa del bienestar de los más a costa de reducir los privilegios de los menos.

Desde luego cambiar las correlaciones de fuerzas en las urnas no es cambiar el sistema, pero supone dar el primer paso en un cambio más profundo, hemos de tener claro que hay que dar ese paso, pero no podemos olvidar que el camino que se inicie debe servir para construir un proyecto nuevo de país y por tanto, cada paso, debe expresar avances en un cambio profundo.

El modelo de democracia como sistema de selección de elites para el gobierno de los asuntos públicos nos ha traído hasta aquí, hasta el punto en el que el gobierno basa su legitimidad en el silencio popular.

Ese silencio no es respaldo ni acuerdo, es incomparecencia, desarticulación, inexistencia de una sociedad civil con poder suficiente para que el poder político del estado esté a su servicio y no al del poder económico.

Lo que he visto este fin de semana en Palma, no ha sido sólo lo numeroso de la marcha, lo que me ha impresionado es que el respaldo a la misma lo he encontrado en cada rincón de la ciudad; en los bares de barrio que distribuían las camisetas, en los paseantes que te paraban a preguntar de donde sale la marcha. El éxito de la assemblea de docents en baleares es que son pueblo, que es la gente común la que ha llenado una caja de resistencia que será clave para mantener la lucha.

Esto es lo que debemos aprender de esta cita histórica, el cambio social empieza por victorias electorales pero estas no vendrá sólo de organizaciones que lideren coaliciones de izquierdas, sino de aquellas que sean capaces de articular procesos de convergencia que se expandan entre la sociedad, que invadan la cotidianidad de las gentes de a pie seduciéndolas en un proyecto colectivo de una nueva sociedad civil activa y exigente a la que nunca más se la engañe con promesas hipotecadas a plazo fijo.

 

Fuente: http://blogs.publico.es/tania-sanchez/2013/09/29/cuando-la-mayoria-silenciosa-habla/

 

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