El saber es el único espacio de libertad del ser. Michel Foucault

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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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El extremo centro de Pedro Sánchez y Albert Rivera

Imtermacional

Antonio Maestre. Nigel Lawson fue ministro de Hacienda británico durante el mandato de Margaret Thatcher. Antes de la victoria del “Nuevo laborismo” en las elecciones de 1997, alertó del drama que suponía para los conservadores que el verdadero heredero de Thatcher fuera el líder de la oposición Tony Blair. El escritor Tariq Alí marca el triunfo del líder británico como máximo exponente del fin de la socialdemocracia y nacimiento del pensamiento único económico que él denomina el Extremo Centro. La insturación de un pensamiento único de ideas neocon que la izquierda socialdemócrata no supo ni quiso contrarrestar y que comenzó a larvarse tras la caída del muro de Berlín. El pacto de Pedro Sánchez y Albert Rivera es el intento por consolidar en España ese extremo centro que construyeron Felipe González y José María Aznar y se consolidó en mayo de 2010 con las medidas de austeridad de José Luis Rodriguez Zapatero. El suicidio socialdemócrata de la tercera vía de Anthony Giddens, que en Gran Bretaña comenzó en 1997, en España estalló en todo su esplendor en 2010. El extremo centro se caracteriza por favorecer a las corporaciones económicas y multinacionales, no cuestionar a los mercados, establecer una posición reaccionaria frente a la seguridad y unas políticas internacionales otanistas. Estas políticas son llevadas a cabo de igual forma por el PP y el PSOE, y ahora por Ciudadanos. No hay cuestionamiento de estos postulados. No hay oposición. Son hegemónicos.

Pedro Sánchez se sorprendía en una entrevista en El País por no haber llegado más fácilmente a acuerdos con Pablo Iglesias por su afinidad ideológica. Lo cierto es que la verdadera similitud ideológica de Sánchez se da con Rivera, y por eso acordaron un texto que cumple todos los preceptos del extremo centro. La “nueva vía” de Zapatero estaba dirigida por Jordi Sevilla, un economista que defiende los postulados económicos del extremo centro con entusiasmo y asume que la socialdemocracia debe estar subyugada a los intereses de mercado.

En un artículo en el diario El País en el año 2002, el economista de Sánchez y Zapatero no deja lugar a la interpretación sobre su defensa encendida de este modelo político. Sevilla defiende que “los problemas sociales no son de derecha o de izquierda, sino, en todo caso, lo son las soluciones a los mismos”, alabando la capacidad de Thatcher para dar solución a problemas cuya existencia negaba la izquierda. En el artículo desgrana lo importante de la integración a la “socialdemocracia” del valor del esfuerzo que considera que la izquierda minusvalora:

“Incorporar el valor y la importancia de la responsabilidad y el esfuerzo individual en las políticas de la izquierda tendentes, con demasiada frecuencia, a que el papa Estado provea a los ciudadanos ‘desde la cuna hasta la tumba’, generando con ello redes de protección que acaban atrapando en lugar de liberando”. El artículo de Jordi Sevilla, en 2002, acaba renegando de las políticas de derechas y defiende que tienen que ser diferentes a las que ofrece la izquierda. “En ningún lado está escrito que esas soluciones tengan que ser las mismas que ofrece la derecha. Pero, seguro, tendrán que ser distintas de las ofrecidas por la izquierda en el pasado”.

Esa línea de pensamiento, que se encuentra en Ciudadanos, es la que defendió Pedro Sánchez en su discurso de investidura al hablar de “mestizaje ideológico”. Que no es más que la unión de la derecha de Albert Rivera y la socialdemocracia liberal que representa Sevilla en el extremo centro. Unas políticas liberales que no cuestionen el poder supranacional de las grandes empresas y que nieguen por completo la lucha de clases y la existencia de una clase obrera y, por lo tanto, abandonar al electorado tradicional de la socialdemocracia. Ese pensamiento ideológico subyugado al dinero y los mercados es el único valor que existe en Ciudadanos. Es por eso que a Albert Rivera y su gurú económico no les supone mayor conflicto aceptar algunas medidas que siempre han sido bandera de la izquierda si no suponen un gasto económico considerable. Sirva de ejemplo la medida que incluyeron en su programa sobre las exhumaciones de los republicanos. En el debate sobre su inclusión en el programa electoral del partido naranja la actitud de Luis Garicano era reflejo del pensamiento que existe en la formación. No hubo resistencia por parte de Garicano porque no suponía un excesivo coste.

Owen Jones asegura que el ascenso de la extrema derecha es un fracaso de la izquierda, que al echarse en brazos de las políticas neocon ha dejado el camino abonado para que los obreros, huérfanos de una opción de izquierdas, acudan a partidos xenófobos. Esa es la vía de agua abierta que dejó la socialdemocracia por su renuncia a ser garante de los derechos de los trabajadores. La táctica de Pedro Sánchez es fijar esa renuncia y establecer los pilares para que el extremo centro se arme en España. Sólo la ambición por ser presidente puede hacerle cambiar de opinión y recurrir a Podemos para posponer la consolidación del pensamiento único que llegó en la vía, la tercera, del abandono de los obreros.

 

Fuente: http://www.lamarea.com/2016/03/21/el-extremo-centro-de-pedro-sanchez-y-albert-rivera/

 

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