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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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Todo es ETA, salvo alguna cosa

Imtermacional

Alejandro Torrús. Pablo Iglesias es ETA. Podemos, por supuesto. De Soziedad Alcohólika no cabe duda de que son proetarras, diga lo que diga la Audiencia Nacional. Zapatero es “aliado potencial” de ETA y en su conciencia está haber traicionado a los asesinados por la organización terrorista. Por no hablar del humorista Facu Díaz, de Ada Colau y del movimiento antidesahucios. Esos sí que son filoetarras. ¿Y el lector de este periódico? Probablemente también sea ETA.

La acusación de pertenecer, simpatizar o defender a la banda terrorista ETA es ya una característica de la democracia española. Esta misma semana el Ayuntamiento de Madrid ha prohibido un concierto de SA en Madrid. En el informe de la Policía, que ha servido de base para prohibir esta actuación, recoge que las letras de este grupo vasco contienen “opiniones con excesos verbales, hirientes y desafortunados” y también hace referencia a la denuncia de la Asociación Víctimas del Terrorismo contra este grupo por “humillar a las víctimas del terrorismo” que les llevó ante la Audiencia Nacional en 2006.

“El problema es que no les gusta lo que decimos, ni cómo lo decimos y esto es para ellos es una razón de peso para prohibir un concierto y coartar nuestro derecho a la libertad de expresión”, denuncia el grupo Soziedad Alkoholika en declaraciones a este medio.

La misma acusación que sirvió para sentar en el banquillo a este grupo de rock vasco (humillar a las víctimas) fue la base para imputar al humorista de La Tuerka Facu Díaz, que también tuvo que declarar ante un juez. La Justicia, sin embargo, sentenció en ambos casos que los acusados no habían cometido ningún delito. Pero ya daba igual. El linchamiento mediático había comenzado. A Facu Díaz llegaron a llamarle "proetarra" y "amigo de los terroristas" en las tertulias de 13 TV y Ada Colau comenzó a recibir amenazas de muerte, según denunció la líder de Guanyem.

“Lo que buscan es marcarte. Se trata de hacer una distinción entre la gente de bien y los disidentes. Ahora que se habla tanto de disidencia en otros países, está bien recordar que también aquí hay listas negras con nombres de personas que tienen una opinión contraria. El argumento de ETA sirve para tratar de quitar crédito a estas opiniones y enmarcar a esas personas fuera del régimen, fuera de lo que está permitido opinar”, piensa el director de La Tuerka News.

Dos tipos de ciudadanos

Facu Díaz y Soziedad Alkoholika son dos de los últimos afectados por el arma arrojadiza en el que se ha convertido ETA. Antes hubo otros señalados porque en el análisis de la sociedad que realiza el Partido Popular parece que caben dos tipos de ciudadanos: los ciudadanos de bien, que piensan "como Dios manda"; y el resto, los filoetarras.

Así, la plataforma Nunca Máis, creada como respuesta al chapapote del Prestige, fue ETA. Los padres de alumnos que convocaron la huelga contra los recortes en Educación también sufrieron una odiosa comparación, al menos en intención. "Yo, cuando iba al instituto, las huelgas las organizaba Batasuna, no los padres", llegó a decir el actual ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, en 2012.

El movimiento 15-M, por supuesto, tampoco se escapó de las acusaciones sin fundamento. Fue la alcaldesa de Elche, Mercedes Alonso (PP), quien tuvo la ocurrencia de decir que en el movimiento estaba integrado por miembros de ETA. En esta larga lista de amigos de ETA y de su entorno no podía faltar la PAH y, como se ha dicho anteriormente, Ada Colau.

La utilización del término terrorista como descalificativo ha llegado tan lejos que el periodista Carlos Cuesta se refirió a los cinco obreros asesinados por la Policía el 3 de marzo de 1976 en Vitoria durante una huelga como "terroristas que tenían intención de matar a otra gente".

Tampoco se han escapado de la acusación algunos periodistas. De hecho, la Audiencia Nacional está juzgando a tres periodistas vascas por cubrir un acto de la izquierda ‘abertzale’. Las reporteras hicieron el trabajo que se le presupone al periodista. Acudir al lugar de los hechos -el festival político Gazte Danbaday- y contar lo que allí ocurría. Sin embargo, para la Justicia podrían haber cometido un delito de enaltecimiento del terrorismo.

Crisis de régimen

Para el sociólogo y escritor Jorge Moruno estas acusaciones por parte de dirigentes del Partido Popular evidencian la grave crisis de legitimidad que atraviesa el régimen surgido con el pacto constitucional de 1978. "El régimen le cuesta cada vez más convencer a los ciudadanos y necesita apelar más a elementos como la fuerza, las leyes restrictivas y al miedo. Es un síntoma de decadencia", señala Moruno.

Otro de los objetivos perseguidos con estas acusaciones -señala Moruno- es establecer los márgenes de quién cabe en el debate político, en el ámbito de la cultura y qué voces son las que se pueden escuchar y qué voces están fuera de este margen. "Tienen miedo de perder sus privilegios. Están demostrando la poca cultura y la poca formación democrática que tienen. Tratan de impedir que se escuchen distintas voces y se pongan encima de la mesa distintas visiones de todo", afirma Moruno.

En opinión, de Soziedad Alcoholika la actitud de los dirigentes conservadores del Partido Popular, además, están torpedeando "el avance en la normalización y la convivencia pacifica intentando enfrentar a los ciudadanos en vez de trabajar por el entendimiento". "Saben que ETA no va a volver a actuar y pretenden alarmar a la población creando enemigos donde no los hay para así rentabilizar políticamente el miedo que generan ellos mismos", relata el grupo.

El dolor de las víctimas

El efecto más pernicioso de utilizar a ETA como un arma arrojadiza es que el dolor está siendo utilizado de manera electoralista. Víctimas, familiares y personas que han vivido bajo la amenaza permanente de ser asesinados, se encuentran ahora con su dolor como argumento de dirigentes políticos para desprestigiar al rival.

El periodista José María Calleja sabe bien de lo que habla. Ha estado amenazado por la organización terrorista ETA y ahora denuncia que se utilice el dolor de las víctimas y el calificativo de terrorista de "manera torticera". "Ha habido momentos que han utilizado el término de terrorista o de estar vinculado a ETA contra personas que hemos luchado contra el terrorismo", señala a este medio el periodista.

En opinión de Calleja, las acusaciones de terroristas o de mantener vínculos con el entorno de ETA que han sufrido personajes públicos como Ada Colau son "injustos e inapropiados" y terminan "desvirtuando, frivolizando y banalizando el término". "Creo que aquellos personas que utilizan esta idea para atacar a alguien están haciendo un flaquísimo favor a la lucha contra el terrorismo", sentencia Calleja.

 

Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía Aplicada. Universidad de Barcelona

 

 

Fuente: http://www.publico.es/politica/increibles-miembros-eta.html

 

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