La pasividad y la mansedumbre no implican bondad, como la rebeldía no significa salvajismo. Emma Goldman

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música

Entrevista. Juan Perro: "Cuando las banderas se agitan sobre las cabezas, el pensamiento se esfuma de inmediato"

Enrique Mariño. El maestro Santiago Auserón (Zaragoza, 1954) se hace llamar aprendiz. Erudito de la música, iba para profesor de filosofía cuando la movida se le cruzó delante: Radio Futura. Luego importó el son cubano y paseó por aquí a Compay Segundo —aún faltaba para el Buena Vista Social Club de Ry Cooder—. Latino cuando lo moderno, tuvo que ponerse la careta de Juan Perro para emprender una larga travesía por Cuba, México o Nueva Orleans. Con El viaje (La Huella Sonora) ha vuelto a casa: un disco en el que ha vaciado su mochila, donde cabe todo lo afro, y se hace acompañar sólo por su guitarra. Mañana lo presenta con su sexteto en el Teatro Rialto de Madrid.

Su trabajo tiene rasgos esquizoides, pues alterna la investigación teórica con la práctica sobre las tablas. Al tiempo, usa el ordenador para escribir sus tesis y libros, pero se resiste a prescindir del bolígrafo para anotar las letras de sus canciones.

Me obligo a hacer cierto tipo de reflexiones o búsquedas de versos en un cuaderno de viaje, que siempre llevo conmigo. Mantengo el ejercicio caligráfico como una operación que no pierda por completo la memoria de la infancia, porque hay datos que es importante preservar. Todas las tecnologías tienen un componente técnico y también estético: aportan algo concreto, y una no anula la otra. Sucede igual con la bicicleta y el automóvil.

¿Hay alguna diferencia a la hora de escribir las letras a mano?

Sí. En las letras de las canciones, voy todo el rato de la escritura manual a la electrónica. Cuando tengo que probar variantes de un verso, lo primero que hago es escribirlo veinte veces a mano. Tacho y escribo encima, hasta que la idea se sostiene y la paso al ordenador. En cambio, cuando escribo prosa, voy directamente al ordenador.

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La Tercera República

Libros

LaMarea. Tras hacer una revisión de la lucha ideológica, cuestionar los fundamentos de la democracia liberal, repasar los fundamentos de la tradición republicana y los cambios económicos más recientes del capitalismo, el diputado de IU Alberto Garzón dibuja en su nuevo libro La Tercera República (Ed. Península Atalaya), los pilares que deben sustentar la alternativa al régimen monárquico español.

“No se trata sólo de un cambio de forma sino del conjunto del sistema político”, explica. “No queremos limitarnos a poder votar al jefe de Estado de la misma forma que hoy elegimos al presidente del Gobierno. Queremos, por el contrario, dar un vuelco a lo que entendemos hoy por democracia. Queremos y aspiramos a construir una democracia real”.

Esa democracia real de la que habla Garzón se basa en dos principios fundamentales: una democracia procedimental de tipo republicana -con unas reglas de juego “plenamente democráticas y muy participativas”- y una democracia sustantiva de tipo socialista -que dote de contenido sustantivo a las reglas del juego-. Sobre el primer punto, el diputado desglosa una serie de ingredientes necesarios: “No nos vale una democracia liberal en la que toda la participación política se base en votar cada cuatro años. Queremos un sistema político donde existan revocatorios, referéndums, la fiscalización permanente de los cargos públicos, transparencia y donde los partidos políticos sean entidades igualmente democráticas”.

Libro Alberto Garzón

El segundo pilar de la futura III República es construir una “democracia sustantiva de tipo socialista”. Ésta marca como objetivo que los ciudadanos tengan acceso a una vivienda, un trabajo y sus necesidades más básicas satisfechas. “Y esto nos interpela sobre el sistema productivo y cómo se reparten sus rentas, e incluso nos pone encima de la mesa cuestiones como la renta básica o el Estado del Bienestar”, defiende Garzón en sus páginas. En definitiva, habla de un tipo de libertad que “no es la que suelen emplear los liberales. Hablamos de la libertad para poder ejercer la condición de ciudadano, abandonando la esclavitud frente a un amo, tome éste la forma de patrón o de mercado financiero”.

Definidos los dos grandes pilares, el diputado de IU dibuja una hoja de ruta para poner en marcha un proceso que desemboque en la III República “Necesitamos luchar activamente en el plano ideológico, pero también que hemos de estar en el conflicto político”. Así, Garzón rechaza “los grandes líderes o las vanguardias que nos dicen lo que tenemos que pensar o hacer” y reivindica “estar en el conflicto, es decir, en los desahucios y en las manifestaciones”. Sólo así, defiende, se puede convertir la “sensación de injusticia” en un “verdadero compromiso político”.

En el terreno de los partidos políticos, el libro rechaza aquellos que no sean democráticos: “La democracia debe reinar en el seno de todas las organizaciones que se pretendan emancipadoras, pero sin caer en las trampas que nos ofrece la democracia liberal de mercado y que consisten en mantener formas democráticas para envolver sustancias oligárquicas”. Es necesario, asegura, “reformular” los instrumentos políticos de acción -sindicatos y partidos- para convertirlos en verdaderos instrumentos “de emancipación social y política”.

El autor asegura que la situación actual de España es “idónea” para poner en marcha un proyecto de estas características, si bien “requiere mucho trabajo y esfuerzo por parte de todos”: “Hay que resistir el proceso de transformación social al que nos empuja el neoliberalismo y las agresivas políticas de la troika. Pero esa resistencia debe ser también el punto de inicio para construir la alternativa constituyente republicana”.

Los Borbones y el bipartidismo

Sobre la dinastía de los Borbones, el autor entiende que son un actor más dentro del “proceso constituyente y desdemocratizador” que han puesto en marcha las élites económicas y los dos principales partidos políticos (PP y PSOE):

En este momento histórico estamos siendo víctimas de un proceso desdemocratizador. Éste puede entenderse desde dos ángulos de vista. El primero, desde el que se refiere al proceso por el cual lo económico se independiza de lo político y, en consecuencia, aumenta la subordinación de la vida social para con la lógica del capitalismo. El segundo, desde el que se refiere a las reformas institucionales que destruyen los rasgos sustantivos y procedimentales de la democracia. Todo con el objetivo declarado de facilitar la puesta en marcha de las llamadas reformas estructurales.

Ese proceso desdemocratizador es un verdadero proceso constituyente dirigido por las élites económicas y políticas, las cuales buscan adecuar las instituciones políticas a las necesidades del capitalismo actual. La noción de proceso constituyente debemos entenderla aquí en un sentido amplio, como un proceso de construcción de nuevas instituciones políticas entre las cuales la de mayor rango es la Constitución.

Este proceso constituyente puede ser apellidado de Restauración Borbónica para el caso español, debido al papel fundamental que juegan en él tanto la monarquía como los dos grandes partidos de la democracia española. La triada que conforman PP, PSOE y la Monarquía se presenta como el soporte político más adecuado para garantizar la consolidación de las reformas estructurales en España. No obstante, otras fuerzas políticas también emergen en el escenario político sin que entre sus objetivos se encuentre confrontar con el proceso de reformas estructurales.

 

Fuente: http://www.lamarea.com/2014/06/03/alberto-garzon-y-los-pilares-de-la-iii-republica/

 

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libros

La España vacía

Agustín García Simón. Los títulos no hacen los libros, como el hábito no hace al monje, pero ayudan mucho a su contenido, trayectoria y existencia, con las que a veces se confunden. En ocasiones son tan atinados que se convierten en eficaces referencias conceptuales y, en los mejores casos, irrumpen en el caudal de la lengua como neologismos imprescindibles tras su aparición, acuñados por los hablantes con un uso frecuente y exitoso. Creo que es el caso de La España vacía. Viaje por un país que nunca fue (Madrid, Turner, 2016), de Sergio del Molino, uno de esos ensayos de la actualidad editorial que, socapa de un totum revolutum en su planteamiento y desarrollo, consigue un conjunto bien armado, original e imaginativo, porque en algunas cuestiones capitales no es menor la imaginación que le echa el autor. El libro viene circulando desde hace meses felizmente jaleado, no obstante el tema escabroso que trata, esa España interior no sólo abandonada vergonzantemente por los poderes públicos y privados, sino también despreciada con estúpida suficiencia por la otra España que su vacío hizo posible; la España  llena y periférica, donde lo más granado de su sedicente intelligentsia sigue aborreciendo con prepotencia cuanto venga de ese mar interior de tierra parda y sus montañas.

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