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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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Siempre abril: el flamenco comprometido de Juan Pinilla y Lucía Sócam

Alpujarra

SÁBADO 31 DE ENERO EN ALBUÑOL

María Rosa de Madariaga. El flamenco o lo que muchos españoles consideran, equivocadamente, como tal, pero que corresponde, en realidad, a lo que sería más propiamente la “copla”, no goza de muy buena prensa entre la izquierda española que lo suele identificar con el franquismo, por ser muchos los cantaores y cantaoras comprometidos con el régimen de Franco. Mimados por el franquismo, que explotó al máximo su imagen de portadores de las esencias identitarias de la España, supuestamente más castiza y auténtica, sirvieron durante décadas de embajadores de la España más casposa, retrógrada, carca y paleta. Eran los vivos representantes de la España “de charanga y pandereta”, como diría nuestro gran Antonio Machado.

 

Todos recordamos – no vale la pena mentarlos- a algunos famosos que formaron parte de la corte de “artistas del régimen”, invitados muchas veces a cantar o a bailar en los festejos con que el dictador obsequiaba a sus invitados en el Palacio del Pardo. Algunas cantaoras o mejor “tonadilleras” como Conchita Piquer o Estrellita Castro habían iniciado ya su carrera artística en los años de la República. Inolvidables siguen siendo para muchos de nosotros canciones como Tatuaje, No te mires en el río, Los Piconeros, La Lirio, o Antonio Vargas Heredia, de Conchita Piquer, o Mi jaca, Suspiros de España, María de la O, o Mari Cruz, de Estrellita Castro.

Otros artistas que dieron también sus primeros pasos en el mundo de la copla durante los años de la República permanecieron durante toda su vida fieles a las ideas republicanas. Entre éstos, merece un lugar destacado Miguel Molina, con su inolvidable La bien pagá o el famosísimo Ojos verdes, que la Piquer incorporaría después a su repertorio. También lo merece Encarnación López, La Argentinita, cuyas canciones populares adaptadas por Federico García Lorca y acompañadas por él al piano, constituyen una preciosa muestra de nuestro folclor musical más bello y entrañable. Cuántos de nosotros no hemos oído a nuestras madres canturrear aquellas estrofas de Yo me subí a un pino verde/por ver si la divisaba, o En el café de Chinitas dijo Paquiro a su hermano… Y tantas otras coplas populares que han quedado indisolublemente grabadas en nuestras mentes y en nuestros corazones como parte integrante de la cultura progresista republicana de nuestro país. Tanto Miguel Molina como La Argentinita tuvieron que salir al exilio, donde murieron.

Junto a estos representantes de la copla, hubo también otros muchos cantaores del flamenco puro, comprometidos con las ideas republicanas, como Guerrita (Manuel González), el Chato de las Ventas, fusilado en Badajoz, el Niño de Málaga, Antonio Viruta, el Niño de Caravaca, Angelillo, así como también guitarristas, entre los que podemos citar a Manolo Bulerías, Pepe Hurtado y Miguel Borrull. En los años de la República se crearon los llamados “fandangos republicanos”, que expresan el compromiso de sus autores con la causa de la República. A este respecto cabe mencionar el cantado por Manuel González Guerrita:

Quiero decir con pasión

Este fandango que canto

Quiero decir con pasión

España republicana

Y lo es de corazón

¡Abajo la ley tirana!

Esta tradición nunca se perdió, aunque tuvo que permanecer más o menos oculta o subterránea durante los largos años del franquismo. Muchos de los que habían sido republicanos tuvieron que doblegarse, bajar la cerviz y pasar por el aro, si querían encontrar un trabajo, mientras que a los recalcitrantes a dejarse avasallar no les quedaba otra opción que cambiar de oficio o partir al exilio.

En los años sesenta del pasado siglo uno de los grandes innovadores del flamenco, al que dignificó y elevó a la categoría de arte mayor, fue Enrique Morente, quien recibió en 1994 el Premio Nacional de Música, concedido por el Ministerio de Cultura de España. Morente adaptó temas de García Lorca y del cantante canadiense Leonard Cohen. Adaptó también al flamenco poemas de Antonio Machado, Miguel Hernández, Lope de Vega, José Bergamín, San Juan de la Cruz, Nicolás Guillén, Rafael Alberti y Pedro Garfias. Morente no solo fue un gran renovador del flamenco, sino también un gran promotor del mestizaje con otras músicas como la africana y la cubana.

En la línea de este cantaor excepcional, profundamente innovador y comprometido, se inscribe la producción artística de Juan Pinilla y Lucía Sócam, dos jóvenes artistas innovadores, que han puesto sus voces al servicio de las causas sociales justas.

Juan Pinilla, nacido en Huétor-Tajar (Granada), ganador del Festival del Cante de Las Minas con el Premio Lámpara Minera 2007, no es solo un gran cantaor, sino también crítico, escritor e investigador. Innovador, ha puesto música flamenca a poemas de, entre otros, Antonio Machado, Miguel Hernández, García Lorca, y de grandes poetas extranjeros como los franceses Rimbaud y Beaudelaire.

En Las voces que no callaron, publicado por la cooperativa Atrapasueños de Sevilla, realizó un estudio sobre los artistas flamencos que lucharon con su cante, su baile o su guitarra por las libertades y la democracia en España.

Lucía Sócam, nacida en Guillena (Sevilla), cantautora, guitarrista y flautista, especializada en la flauta traversera, hace referencia en sus canciones a la Guerra Civil española, y en muchas de ellas rinde homenaje a soldados y ciudadanos en general que lucharon del lado de la República.

Ambos artistas decidieron unir sus voces en la gira Siempre abril, que reúne un rico y variado repertorio de canciones comprometidas, impregnadas de rebeldía social. Juan Pinilla y Lucía Sócam luchan con sus voces unidas por un mundo mejor, más justo, más igualitario. En su Siempre abril no hay solo la nostalgia de aquel 14 de abril de 1931, que inauguró una nueva era de esperanza para España, sino también el llamamiento a un nuevo abril que abra para nuestro país nuevas perspectivas de libertad, justicia social y democracia.

En el Siempre abril presentado el 30 de diciembre en el Ateneo Republicano de Vallekas, pudimos apreciar la gran calidad de estos dos artistas comprometidos. La canción Republicana, con música y letra de Lucía Sócam, sentido homenaje a la mujer republicana, nos conmovió y emocionó profundamente, lo mismo que Ahí va Dolores, también de Lucía Sócam, dedicado a Dolores Ibárruri, bellísima canción que evoca la figura de la Pasionaria como símbolo de la mujer luchadora y revolucionaria.

Otras canciones con las que Juan Pinilla y Lucía Sócam nos deleitaron y que merecen mención especial fueron: un tango flamenco titulado Don Manuel, con estrofas jocosas alusivas a Manuel Fraga Iribarne, unos Fandangos de Huelva, con letra revolucionaria, el famosísimo los Campanilleros, que inmortalizó la Niña de la Puebla, y a la que también pusieron letra revolucionaria, y el Popurri lorquiano, con las bellísimas canciones populares adaptadas por García Lorca, que el público presente en la sala coreó con los dos cantaores. Fue una velada inolvidable la que estos jóvenes artistas andaluces nos ofrecieron. ¡Que su voz y su palabra lleguen a todos!

 

Fuente: http://www.cronicapopular.es/2015/01/siempre-abril-el-flamenco-comprometido-de-juan-pinilla-y-lucia-socam/

 

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La Guerra Civil que Pérez-Reverte no te contó

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Cuentan Silvia Casado Arenas y Carlos Fernández Liria que el libro de Arturo Pérez-Reverte La Guerra Civil contada a los jóvenes (Alfaguara) es una obra que dice cosas "muy ciertas", pero que peca de "equidistante". Critican que el cómic venga a decir únicamente algo así como que la guerra española fue un enfrentamiento entre dos bandos rivales que provocó un enorme sufrimiento. Y así fue. No cabe duda. Pero la Guerra Civil ─dicen Casado Arenas y Fernández Liria─ fue otras muchas cosas también "muy ciertas" que se omiten en el relato de Pérez-Reverte. Este es el motivo por el que se han lanzado a publicar ¿Qué fue la Guerra Civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes (Akal).

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