El saber es el único espacio de libertad del ser. Michel Foucault

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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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¿Qué tipo de infancia ha tenido Susana Díaz?

Agricultura

Raul Solis. He visto el vídeo en el que Susana Díaz le dice a la periodista Susana Griso que la gente de Unidos Podemos “está que se sale para asaltar fincas”. He observado las caras de quienes acompañan a la presidenta de la Junta, la risa sonora de Alfredo Pérez Rubalcaba y el gesto enrabietado de Susana Díaz.

Soy hijo de trabajadores del campo que han votado toda su vida al PSOE y que tenían en la reforma agraria todas sus esperanzas para huir de la tasa del 50% de paro que afecta todavía a muchas zonas rurales de Extremadura y Andalucía, debido a la concentración de las tierras de cultivo en unas pocas manos de gente con apellidos largos. Esta estructura de la propiedad tiene su origen en las  tierras que fueron entregadas por los Reyes Católicos como premio a las familias que le ayudaron a conquistar para Castilla el sur de España y las desamortizaciones del siglo XIX, por las que las tierras en manos de la Iglesia pasaron directamente a manos de la burguesía en lugar de al bien común. Esta realidad histórica es la causa de que en Andalucía y Extremadura los jornaleros tengan en la ocupación de fincas su particular forma de exigir pan, techo y dignidad.

En este gesto tan sencillo de ocupar una finca no existe más intención que solicitar que se pongan las tierras baldías a producir para luchar contra el paro y la miseria en el país más rico de Europa que, sin embargo, tristemente lidera todas las clasificaciones de pobreza, desigualdad, desempleo, subdesarrollo, precariedad laboral y dependencia económica con el exterior.

Durante mucho tiempo, hasta que el PSOE en Andalucía y Extremadura decidió finalmente aliarse con los grandes terratenientes y basar la economía en la apertura de centros comerciales extranjeros en lugar de producir riqueza que se quedara aquí, quienes acudían a esos asaltos de fincas eran también socialistas, jornaleros y jornaleras del campo andaluz y extremeño que se tomaban al pie de la la letra el himno de Andalucía que escribió Blas Infante: “Pedid tierra y libertad’.

Aquella reforma agraria no se dio y hoy son cientos y cientos de pueblos que tienen en su término municipal fincas de entre 20.000 y 40.000 hectáreas, propiedad de un solo sujeto fiscal, que reciben millonarias subvenciones europeas cada año sin producir absolutamente nada, en zonas que se están desangrando con unas cifras de paro que llega al 50% y que obliga a muchas familias a vivir a base de cheques de comida que les da el alcalde, fomentando así el clientelismo y el miedo a protestar.

Por esta razón, al ver a Susana Díaz atacar a quienes ocupan fincas –con la risa cómplice y malévola de Alfredo Pérez Rubalcaba- me he acordado de una pregunta que lanzó hace poco la líder andaluza de Podemos: “Qué infancia ha tenido este PSOE”, dijo Teresa Rodríguez en una entrevista sobre la presidenta de la Junta.

Y es justo esa la pregunta: Qué tipo de infancia han podido tener quienes se mofan de reivindicaciones de socialistas históricos que reclamaban la autonomía andaluza como esperanza para llevar a cabo una reforma agraria que pusiera todas las tierras de Andalucía a producir riqueza para sacar a este país del retraso relativo con otras regiones de Europa.

Produce estupor, y señala el nivel de degradación ética y moral de estos líderes del PSOE que parecen estar dispuestos a enterrar todo el legado honorable de los socialistas de corazón, que quienes han asaltado las arcas públicas, hasta convertir Andalucía en una tierra llena de dolor social y desigualdad, se lleven las manos a la cabeza por reivindicaciones que han abanderado sus propios padres y madres ideológicos, intentando criminalizar algo tan noble como la ocupación pacífica de fincas en la búsqueda de la tierra y libertad que Blas Infante estampara en el Himno de Andalucía.

 

Fuente: http://www.paralelo36andalucia.com/que-clase-de-infancia-ha-tenido-susana-diaz/

 

Comentarios 

 
0 #1 ENRIQUE 18-06-2016 06:06
Tan magistral como verdadero, pero va siendo hora de que los que se acercan al comedor social se les inflen las pelotas y dejen de meter el voto en la olla del PSOE
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